Qigong, Taichi y Medicina Tradicional China

por Carmen De La Torre Lucena

Este pasado 21 de marzo se ha celebrado el primer Día Internacional del Taichi después de que la UNESCO así lo decidiera en París el día 3 de abril de 2025. En su introducción señala la necesidad de defender los conceptos de paz y armonía en esta época marcada por una intensa agitación y transformación, favoreciendo los intercambios culturales y el aprendizaje mutuo para superar el distanciamiento y el enfrentamiento, promover la comprensión y la convivencia armoniosa entre personas de distintas regiones, países y etnias, con el fin de mantener la paz mundial y fomentar el desarrollo común.

A los practicantes y amantes del Qigong y el Taichi nos debe de llenar de orgullo este mensaje de tan altas aspiraciones, pero que encaja perfectamente con el trasfondo de estas artes de origen chino al encarnar en su esencia valores de armonía, de simplicidad y de aceptación, de la impermanencia de la vida, valores centrales de la filosofía taoísta que es la base de estas prácticas, donde se busca el desapego para alcanzar una vida sencilla y equilibrada en armonía con el entorno y con nuestros semejantes; en definitiva, una vida que sigue las leyes de la naturaleza, lo que enlaza con la declaración de la UNESCO, resultando un mundo apacible, sereno, donde la convivencia en armonía sería posible.

El Taichi y el Qigong son prácticas físico-energéticas que van de la mano de la Medicina Tradicional China: históricamente, filosóficamente, culturalmente y metodológicamente nacen de la misma raíz, la visión taoísta del mundo, donde se entiende el universo como un proceso natural continuo en el que todas las manifestaciones surgen de la interacción entre el Yin y el Yang. Este proceso a nivel macrocósmico tiene su reflejo en el cuerpo humano, es un reflejo funcional, energético y dinámico del universo, entendiendo que todo es movimiento y cambio continuo entre estas dos fuerzas, tanto en el macrocosmos como en el microcosmos, y que la salud se basa en la armonía de estas dos polaridades complementarias, en un proceso activo que todo lo impregna, y es necesario observar y entender para adaptarse a estas dinámicas de forma natural, sin esfuerzo, sin oponer resistencia.

El Qigong es una práctica que ancla sus raíces en la China Antigua, entre el periodo Neolítico (10 000 a. C. aprox.) y el final de la dinastía Han (220 d. C.). Qigong significa literalmente «trabajo y habilidad para mover el Qi», siendo el «qi» la energía vital, el soplo de vida. Se basa en el arte de trabajar, intercambiar y compartir nuestra energía interna con la energía externa, con la energía del entorno, tratando de unificar y regular el cuerpo, la respiración y la mente, es decir, los Tres Tesoros asociados a la medicina de tradición china, el Jing, el Qi y el Shen; entendiendo el Jing como la esencia, el cuerpo; el Qi como la energía, la respiración, y el Shen como el espíritu, la mente. En este contexto, el Qigong es una herramienta terapéutica de la MTC (Medicina Tradicional China) junto a otras como la acupuntura, la moxibustión, la fitoterapia o el masaje tuina, por su acción reguladora y equilibrante de la fuerza vital o «qi»; sin embargo, su práctica va más allá de la medicina y abarca otros aspectos: desarrollo interno, fortalecimiento corporal y cultivo mental.

El Taichi, la interacción entre el Yin y el Yang expresado en movimientos corporales lentos, circulares y continuos, tiene su origen mucho más cercano en el tiempo y no está exento de controversias y de imprecisiones. La evidencia más sólida y documentada lo sitúa en el siglo XVII en una aldea de la provincia de Henan y se atribuye a un general, Chen Wangting, de la dinastía Ming, quien dio origen al estilo Chen, y a partir de ahí, entre los siglos XVIII y XIX, surgen las principales escuelas de taichi: escuela o estilo Yang, Wu, Wu/Hao y Sun. Hoy día se engloba dentro del Wushu, término que designa todas las artes marciales chinas, siendo el taichi un arte marcial de desarrollo interno, es decir, donde la energía se desarrolla interiormente, en el dantian inferior, en el centro del cuerpo que viene a coincidir con el centro de gravedad, conocido como «campo del elixir», lugar donde se refina y acumula la energía interna. En este sentido coincide con el Qigong y, a partir de aquí, en su desarrollo comparten muchas de sus características principales: relajación activa, alineación corporal que permite la transmisión de fuerza y circulación sin obstáculos de la energía «qi», respiración regulada, sin esfuerzo, continua y silenciosa en sincronía con los movimientos corporales que son lentos, circulares y continuos guiados por la intención «yi», suavidad para liberar tensiones y desarrollar elasticidad, desarrollo de percepción interna o interocepción al promover la escucha, la concentración y la meditación en movimiento… son muchas las premisas que comparten, de ahí que el Taichi pueda entenderse como una forma de Qigong; sin embargo, el Taichi tiene una particularidad inherente a sí mismo: es un arte marcial. No podemos olvidar que todos sus movimientos están orientados a la defensa o al ataque en un combate contra un oponente imaginario, o bien hacia el combate contra uno mismo: al taichi también se le conoce como el combate contra la sombra. Esto no quiere decir que el practicante de Taichi busque el aspecto marcial, que estaría totalmente justificado, sino principalmente mantener la salud, el bienestar y la longevidad que caracterizan al Qigong.

El Taichi es conocido como la gimnasia de la eterna juventud, y desde luego que se puede hacer extensivo al Qigong, por tantos beneficios como aportan tanto al cuerpo como a la mente, promoviendo la salud integral, con la gran ventaja para todos de que no hay restricciones para comenzar a practicar: cualquier persona, en cualquier estado, edad, sexo o circunstancia, puede iniciarse y beneficiarse, favoreciendo así su vitalidad y su energía, optimizando las funciones cognitivas, regulando el sistema nervioso autónomo, mejorando la mecánica corporal y el dolor… son tantos los regalos que estas disciplinas nos ofrecen que sería bueno tratarlos en otros artículos.

La energía «qi» es el principio operativo que comparten estas prácticas con la MTC; es necesario que el «qi» circule por el cuerpo a través de los meridianos de forma suave y armónica, sin bloqueos o estancamientos, ya que si se producen de forma repetida y continuada, mantenidos en el tiempo, finalmente se manifiestan en distintas patologías o enfermedades. Por tanto, debemos promover el movimiento de la energía a través de estas prácticas como medicina preventiva

En Qigong, los meridianos se entienden como vectores de transmisión de fuerza interna; cuando una postura está bien alineada, las fascias se tensan en continuidad y el «qi» circula siguiendo esos trayectos, esto nos da herramientas para hacer circular la energía utilizando la intención dirigida «yi» como orden silencioso que orienta el qi a través de los meridianos de forma estratégica, según las necesidades o los requerimientos del cuerpo, para ayudar a desbloquear y liberar la energía estancada.

El Taichi y el Qigong nos muestran un camino de autoconocimiento y escucha interna, de toma de conciencia en relación a la responsabilidad que tenemos de mantener nuestra salud en óptimas condiciones, siguiendo el principio «la salud se cultiva, no se delega», un camino largo y maravilloso que comienza ante nosotros con un primer paso.

Carmen De la Torre Lucena